Por un principio neurobiológico el cerebro opera bajo el esquema de máxima eficiencia energética. El avance tecnológico sin pausa lleva a que la fisiología cambie y se adapte ante las pantallas, por ejemplo. Por ello es que el efecto conocido como skim tiene más posibilidades de pasar de ser una estrategia a transformarse en una condición estable al momento de leer. El efecto skim en la lectura —relacionado con el skimming o lectura por encima— describe la transformación cognitiva y cerebral que ocurre cuando nos acostumbramos a procesar textos de manera rápida, superficial y no lineal, una propuesta a la que tienden las redes sociales y es menos desgastante
La científica e investigadora neurocognitiva Maryanne Wolf explica que el uso constante de dispositivos digitales está reconfigurando nuestro cerebro lector. El entorno digital actúa como un catalizador perfecto para el skimming porque combina arquitectura de diseño, ergonomía visual y patrones de estímulo constante.
Las pantallas chicas hacen que el cerebro utilice la geografía física de la página (el margen, la esquina superior derecha, el grosor de las páginas leídas a la izquierda) para construir un mapa mental de la información. En el teléfono inteligente, por citar algún dispositivo, al hacer scroll (bajar y subir lo que se ve) continuo en una pantalla angosta, la información se vuelve fluida y pierde referencias espaciales fijas. El cerebro no puede ubicar los datos en una estructura física, por lo que activa el escaneo visual rápido para no perderse en el flujo.
La lectura lineal y profunda (deep reading) consume mucha energía en la corteza prefrontal: exige mantener información en la memoria de trabajo, conectar ideas y hacer inferencias. El skimming, en cambio, opera mediante reconocimiento rápido de patrones en la vía visual, demandando mucho menos esfuerzo mental.
Al navegar en redes sociales o páginas webs, el cerebro recibe pequeñas descargas de dopamina cada vez que encuentra un dato nuevo. Escanear rápido le permite obtener más "recompensas" de información por minuto que leer un párrafo largo de principio a fin.
El modo
Los estudios de seguimiento ocular (eye-tracking) muestran que en digital el usuario lee horizontalmente la primera línea, luego baja un poco verticalmente, lee otra línea corta y finalmente desliza la mirada hacia abajo sin leer el margen derecho, un patrón con forma de F y Z. Ese modo de operación, si se pasa entre 4 y 8 horas al día escaneando chats, correos, noticias y redes sociales, hacen que las redes neuronales encargadas del escaneo rápido se vuelvan híper eficientes.
Se notará que cuando se empieza a leer un libro de papel, el cerebro automáticamente intenta aplicar el mismo algoritmo automático de escaneo. Los ojos saltarán hacia la mitad de la página o hacia las negritas sin propuesta voluntaria. O habrá que hacer una re-lectura constante y la impaciencia cognitiva empezará a aparecer ante la falta de elementos visuales (subtítulos, viñetas, fragmentos destacados) que faciliten el rastreo rápido.
Matiz
El skimming no es intrínsecamente "malo", leer jamás puede ser negativo. Lo que hay que matizar es cuando conviene emplearlo y contrarrestar su funcionalidad por defecto. Al cerebro hay que darle rienda suelta con esta mutación que funciona muy bien en textos informativos, noticias o emails, pero fracasa cuando el texto exige inferencia, abstracción o reflexión crítica (literatura, ensayos, artículos académicos). En entornos donde predomina el skimming, las personas no deciden si van a leer un texto completo; deciden si van a leer la segunda línea.
La efectividad desigual de la "mutación lectora" es un éxito cuando buscamos agilidad, pero se convierte en una barrera invisible cuando el texto exige atención profunda, análisis o memoria a largo plazo. El problema aparece cuando se intenta leer un texto complejo y el cerebro aplica la misma estrategia automática sin pedir permiso. Registrar esta diferencia y hacer consciente el cambio de soporte es el primer paso para garantizar una lectura verdaderamente profunda y productiva.